Page 148 - METODOLOGIA DE LA INVESTIGACION-Roberto Hernández Sampieri
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¿Cuál es la utilidad de las hipótesis? 117
totalmente desconocida del género opuesto, tratáramos de conjeturar qué tan simpática es, qué inte-
reses y valores tiene, etc. Ni siquiera podríamos anticipar qué tan atractiva nos va a resultar, y tal vez
en una primera cita nos dejemos llevar por nuestra imaginación. Pero en una investigación esto no
debe ocurrir. Si se nos proporciona más información (lugares a donde le agrada ir, ocupación, reli-
gión, nivel socioeconómico, tipo de música que le gusta y grupos de los que es miembro), podemos
plantearnos hipótesis en mayor medida, aunque nos basemos en estereotipos. Y si nos dieran infor-
mación muy personal e íntima sobre ella, podríamos sugerir hipótesis acerca de qué clase de relación
vamos a establecer con esa persona y por qué (explicaciones tentativas).
¿Qué es la prueba de hipótesis?
Como se ha dicho, en el proceso cuantitativo las hipótesis se someten a prueba o escrutinio empírico
para determinar si son apoyadas o refutadas, de acuerdo con lo que el investigador observa. De hecho,
para esto se formulan en la tradición deductiva. Ahora bien, en realidad no podemos probar que una
hipótesis sea verdadera o falsa, sino argumentar que fue apoyada o no de acuerdo con ciertos datos
obtenidos en una investigación particular. Desde el punto de vista técnico, no se acepta una hipótesis
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por medio de un estudio, sino que se aporta evidencia a favor o en contra. Cuantas más investigacio-
nes apoyen una hipótesis, más credibilidad tendrá y, por supuesto, será válida para el contexto (lugar,
tiempo y participantes, casos o fenómenos) en que se comprobó. Al menos lo es probabilísticamente.
Las hipótesis, en el enfoque cuantitativo, se someten a prueba en la “realidad” cuando se imple-
menta un diseño de investigación, se recolectan datos con uno o varios instrumentos de medición, y
se analizan e interpretan esos mismos datos.
¿Cuál es la utilidad de las hipótesis?
Es posible que alguien piense que con lo expuesto en este capítulo queda claro qué valor tienen las
hipótesis para la investigación. Sin embargo, creemos que es necesario ahondar un poco más en este
punto, mencionando las principales funciones de las hipótesis.
1. En primer lugar, son las guías de una investigación en el enfoque cuantitativo. Formularlas nos
ayuda a saber lo que tratamos de buscar, de probar. Proporcionan orden y lógica al estudio. Son
como los objetivos de un plan administrativo: las sugerencias formuladas en las hipótesis pueden
ser soluciones a los problemas de investigación. Si de hecho lo son o no, es la tarea del estudio
(Castro-Rea, 2009).
2. En segundo lugar, tienen una función descriptiva y explicativa, según sea el caso. Cada vez que una
hipótesis recibe evidencia empírica a favor o en contra, nos dice algo acerca del fenómeno con el
que se asocia o hace referencia. Si la evidencia es a favor, la información sobre el fenómeno se
incrementa; y aun si la evidencia es en contra, descubrimos algo acerca del fenómeno que no
sabíamos antes.
3. La tercera función es probar teorías. Cuando varias hipótesis de una teoría reciben evidencia
positiva, la teoría va haciéndose más sólida; y cuanto más evidencia haya a favor de aquéllas, más
evidencia habrá a favor de ésta.
4. Una cuarta función consiste en sugerir teorías. Diversas hipótesis no están asociadas con ninguna
teoría; pero llega a suceder que como resultado de la prueba de una hipótesis, se pueda formular
una teoría o las bases para ésta.
8 Aquí se ha preferido evitar la exposición sobre la lógica de la prueba de hipótesis, la cual indica que la única alternativa abierta en una
prueba de significancia para una hipótesis, radica en que se puede rechazar una hipótesis nula o equivocarse al rechazarla. Pero la frase
“equivocarse al rechazar” no es sinónimo de aceptar. La razón para no incluir esta perspectiva reside en que, el hacerlo, podría confundir más
que esclarecer el panorama al que se inicia en el tema. A quien desee ahondar en la lógica de la prueba de hipótesis, le recomendamos acudir
a Martin y Bridgmon (2012), Blaikie (2007 y 2000), Chalmers (1999) y especialmente a Henkel (1976, pp. 34-35), así como otras referencias
que sustentan desde la epistemología las posiciones al respecto, como Popper (1992 y 1996) y Hanson (1958).
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